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EMPATÍA Y BULLYING

Las aulas de clase se convierten en un espacio de crucial importancia para la formación de niños y niñas, no solo por la educación que se imparte en ellas sino porque son también son el primer ambiente social donde se devuelven los pequeños además de su familia, poniendo a prueba las pautas de comportamiento y convivencia que han aprendido de su núcleo más cercano.

Para facilitar esta nueva convivencia se hace fundamental el desarrollo de habilidades sociales en este nuevo ambiente, lo cual también contribuye a prevenir el bullying o acoso escolar. La empatía es un factor clave para la formación integral de los niños y las niñas al enseñarles a preocuparse por el bienestar y el cuidado de sus compañeritos reduciendo la ocurrencia de conductas, comportamientos y reacciones basadas en la violencia y el impulso.

La empatía se centra en la capacidad de ponerse en los zapatos del otro y así poder entender sus emociones, necesidades y muchas veces incluso sus comportamientos. Entender a la otra persona permite reaccionar apropiadamente a diversos escenarios desde la compasión, el respeto y la tolerancia. Un niño, que ha sido educado desde la empatía, es capaz de desarrollar respuestas emocionales y conductas más acertadas que tienen en cuenta las emociones y el sentir del otro.

Los niños y las niñas empáticos no solo evitarán comportamientos que promuevan el acoso a sus compañeros, sino que también al ser testigos de casos de bullying defenderán a las víctimas y lucharán por detener estas prácticas. Adicionalmente, estos niños normalmente son quienes buscan ayuda de los adultos y denuncian los casos de bullying para proteger a sus compañeros.

Sin embargo, la empatía como recurso para combatir el bullying no debe limitarse solo a los más pequeños. Padres y maestros deben también trabajar en esta habilidad social para entender mejor a los niños y niñas y así ser capaces de detectar signos que pueden ser señales de alerta de casos de bullying que utilizan los niños para expresar que algo no está bien. Algunos cambios de conducta que pueden presentarse  que deben ser observados son:

  • Falta de interés o deseo de no querer asistir al colegio.
  • Presentar distintos y recurrentes malestares físicos.
  • Aspecto descuidado de la apariencia del niño o la niña al salir del colegio (Ropa, útiles o mochila rotos).
  • Mostrarse callado, inseguro, con monosílabos en lugar de respuestas.
  • Aumento de pesadillas o llanto a la hora de dormir.
  • El niño o la niña no son invitados por amigos a actividades sociales o sesiones de juego
  • El niño o la niña no traen amigos a casa.
  • Presencia de moretones o rasguños que el niño oculta o se niega a brindar una historia clara de cómo sucedió el hecho.
  • Pierde con frecuencia sus pertenencias y útiles.
  • Si solicita dinero más de lo habitual o roba dinero.
  • Se muestra irritable, quejoso, enojado.

De igual forma es indispensable que los niños y niñas sientan empatía por parte de sus padres y núcleo familiar. La seguridad, confianza y apoyo son fundamentales para que los niños y niñas se permitan denunciar cualquier caso de acoso escolar o bullying y así combatir estas prácticas oportunamente antes de que escalen y traigan consecuencias más complicadas para las víctimas y sus familias.

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